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11 jul. 2011

TÚ Y TUS COJONES

Cuando el hambre aprieta
y el futuro es más incierto que nunca
uno se encuentra sólo ante el mundo.
La gente no confía en ti, ni siquiera tú mismo.
Aún así (en un alarde de orgullo)
decides marcharte de casa para siempre.
No tienes trabajo
 y con una licenciatura en Bellas Artes bajo el brazo
decides repartir currículos
por los bares y restaurantes de la zona,
esperando, a desgana,
que te llamen para ser explotado
faltando así a tus principios.

Piensas demasiado, como de costumbre
y  reflexionas sobre los fracasos
que has ido acumulando
(como los libros llenos de polvo que nunca lees)
durante el último año y medio.

Echas un vistazo atrás y te encuentras:

El final de una relación de ocho años
que terminó jodidamente mal
y que acarreó una fuerte depresión
que solventaste arrastrándote a  los bares,
emulando a tu referente literario,
(guardando las distancias)
 pues tus riñones
no soportaban la rutina alcohólica.


El comienzo de un “amor”
 que prometía ser magnífico
y que no fue más que una gran mentira
que se encargó de sumirte de nuevo
en un puto infierno de auto sufrimiento,
que te abrió las puertas a una nueva
percepción de la muerte,
cometiendo una serie de estupideces
que te perseguirán el resto de tu deplorable vida.

El falso resurgir de tu corazón por otra mujer
con delirios de grandeza
que te hizo viajar hasta otro país para estar con ella
y que de la noche a la mañana,
desaparece, como la vez anterior,
 por no haber leído
la letra pequeña de las promesas .



Piensas que cual Kafka
te has transformado en un monstruo
pues para soportar el desamor y superarlo
has tomado ejemplo y te has arrancado el corazón.

Entonces te das cuenta de que
has perdido a mucha gente,
que has experimentado  
con cosas que jamás pensaste
y que no quiere volver a probar
(o sí)

y entiendes que sólo tú
y tus cojones podéis salir de esto.